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Nervios en competencia

Mi hijo se pone nervioso en las competencias: qué hacer como papá o mamá

Alejandra Amundarain Por Alejandra Amundarain, coach mental de atletas · 9 de octubre de 2026

Faltan diez minutos para su prueba y tu hijo está pálido. Va al baño tres veces, no quiere hablar, y tú no sabes si darle ánimos, distraerlo o dejarlo en paz. Si te ha pasado, no estás solo: es una de las primeras cosas que me cuentan los papás y mamás que llegan a la Sesión Diagnóstico.

La buena noticia es que los nervios no son el problema. El problema es no saber qué hacer con ellos. Y eso se entrena.

Los nervios son energía, no un defecto

Cuando un atleta se pone nervioso, su cuerpo se está preparando para competir: el corazón se acelera, la respiración cambia, los músculos se activan. Esa activación es necesaria. Sin ella, tu hijo saldría apagado, lento, sin chispa.

En mis sesiones lo explicamos con un termómetro del 1 al 10. En un extremo está el atleta apagado; en el otro, el atleta pasado de revoluciones, tenso, que decide mal y ve todo “como por un tubo”. En medio está su zona: alerta, con energía y con control. Cada atleta tiene la suya, y cada deporte también.

El objetivo no es que tu hijo deje de sentir nervios. Es que aprenda a reconocer en qué número está y a volver a su zona.

Señales de que los nervios le están ganando

Los nervios se vuelven un problema cuando empiezan a decidir por tu atleta. Algunas señales:

  • En el cuerpo: hombros tensos, respiración corta, manos frías, estómago revuelto.
  • En la mente: pensamientos del tipo “¿y si fallo?”, “todos me están viendo”, “siempre me pasa en los finales”.
  • En lo que hace: deja de pedir el balón, juega a no fallar, se precipita o se congela.
  • Después: llega a casa diciendo que no sirve para esto, aunque entrene muy bien.

Qué puedes hacer tú desde esta semana

1. Normaliza lo que siente

Cambia el “no te pongas nervioso” por algo como “es normal sentir eso; tu cuerpo se está preparando”. Pedirle que no sienta nervios solo le agrega una preocupación más: ahora también se preocupa por estar nervioso.

2. Pregúntale por su número

En un entrenamiento tranquilo, pregúntale: “del 1 al 10, ¿en qué número estabas el día que mejor competiste?”. Esa es una pista de su zona. Antes de competir, en lugar de “¿estás nervioso?”, pregúntale “¿en qué número estás?”. Es una pregunta que le da información, no presión.

3. Practiquen una respiración más larga al soltar

Una forma sencilla de bajar la activación es respirar soltando el aire más despacio de lo que entra. Practíquenla en casa, sin presión, varios días antes. Una herramienta que solo se aprende el día de la competencia casi nunca funciona.

4. Dale una frase de acción, no una advertencia

“No vayas a fallar” pone la atención justo en lo que no quieres. Una frase corta, en presente y sobre algo que controla funciona mejor: “Mira la pelota y haz tu rutina”.

5. Regula tus propios nervios

Tu hijo te lee. Si te ve tenso en la tribuna, lo nota. Cuidar tu propio estado también es una forma de ayudarlo.

Lo que conviene evitar

  • Dar instrucciones técnicas de último minuto. Para eso está su entrenador.
  • Prometer premios por resultados. Suben la presión justo donde no la necesita.
  • Analizar la competencia en el coche si no quiere hablar.
  • Compararlo con otros atletas o con sus hermanos.

¿Cuándo buscar ayuda?

Si los nervios aparecen solo alrededor de la competencia y afectan su rendimiento, es el terreno del entrenamiento mental: son habilidades que se aprenden, se practican bajo presión y se miden.

Si la ansiedad aparece también fuera del deporte, afecta su sueño, su alimentación o la escuela, o tiene crisis de angustia, lo indicado es consultar a un profesional de salud mental. El coaching mental no sustituye esa atención.

¿Quieres saber en qué número compite tu hijo?

En la Sesión Diagnóstico medimos sus habilidades mentales y definimos su plan. 60 minutos, presencial en Mérida o en línea.

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